Por razones que me son desconocidas, el cursillo de preparación para el examen de capacitación para la licencia F se imparte a lo largo de 4 sábados. Se hace un poco difícil de conciliar con una vida familiar estándar, pero qué le vamos a hacer, creo que ni siquiera se contempla la posibilidad de que uno se presente por libre.
Las clases teóricas tienen un contenido que varía desde lo obvio hasta lo interesante. Y dan pié a aprender una serie de cosas realmente curiosas. Por ejemplo, una cosa que ignoraba era que, cuando un tirador apunta al blanco, ¡ no lo hace al centro de la diana (1) !. Resulta que es mucho más fácil apuntar al punto - justo debajo del centro, eso sí - en donde se delimitan las dos secciones del blanco, la central de tono oscuro y la periférica más clara. Además, ya mayoría de las miras son de color oscuro, por lo que el contraste ayuda. Aquí está un divertido simulador.
Pero había una cuestión que me tenía realmente preocupado :
- "¿ gafas o lentillas ?", le pregunté.
- "Excelente pregunta" - contestó el inspector Barbero. "No tengo ni idea."
Una vez que me he puesto a investigar, parece que hay consenso respecto a qué es lo mejor para el caso de las competiciones. Si usásemos lentilla, a lo largo de tanto tiempo de mantener el ojo abierto, fijo y sin pestañear, ésta seguro que se secaba, degradándose sus características ópticas. Por lo tanto, gafas. Y de hecho, luego he comprobado que hay muchos tiradores con gafas. La siguiente cuestión, naturalmente, es si hacen falta una "gafas de tiro" especiales o no. Ahí también estaba clara la cosa, simplemente no se pueden colocar unas gafas de tiro encima de unas normales. Así que gafas de tiro y diopter o portalentes con la lente adecuada.
Pero todo eso lo aprendí después de los dos días de prácticas de tiro, que hice con lentillas. Cambiar a gafas - las normales, aun no tenía las otras - podía implicar tener que desaprender lo poco que había aprendido sobre la práctica del tiro. Al final, no arriesgué, me examiné con lentillas y, sorprendentemente, saqué 61 puntos. ¡ Aprobado !
Hay una cuestión curiosa relacionada con la "puesta a tiro". Al parecer, cada tirador debe reajustar las miras, por muy bien que otra persona las haya ajustado previamente. Esto parece contraintuitivo : si sujetamos la pistola en un banco de pruebas y ajustamos las miras para que los disparos queden perfectamente centrados - con las pequeñas variaciones achacables a pequeñas diferencias en la carga del cartucho, el peso y geometría de la bala, la suciedad y la dilatación térmica del cañón, la temperatura del aire, etc. - y a continuación una persona ajusta las miras para que apunten exactamente al comienzo de la zona negra bajo el centro, parece que cualquier otra persona que comprobase las miras también las vería perfectamente ajustadas. Pues al parecer, no. Barbero nos contó que un óptico que también es tirador le explicó que se debía a la diferente posición del centro de la retina con respecto al eje óptico del ojo, pero a mí no me convence esa explicación. Queda como un interesante ejercicio para el futuro.
martes, 22 de febrero de 2011
jueves, 17 de febrero de 2011
Hasta los grandes viajes empiezan con un solo paso
Aún no he cumplido los 55, y ya tengo 6 dioptrías. Sin duda, el mejor momento para convertir lo que hasta ahora ha sido una afición más, en una de las que competirán por pedazos importantes de mi tiempo y dinero.
Los Caminos del Señor son caprichosos, y el mío tomó éste nuevo rumbo cuando mi plácida existencia rural, a medio kilómetro de un pequeño pueblo de Madrid, se vió perturbada por nuevos vecinos. Hasta ahora, esas cuatro casas se usaban sólo los fines de semana, lo que me dejaba el resto de la semana con libertad completa para mis actividades al aire libre. Y una de ellas, desde hace bastante tiempo, era el tiro con aire comprimido ( en adelante, AC ).
Mi afición por las armas comenzó en mi infancia, y durante muchos años no pasó del plano teórico. Pero mi experiencia práctica se limitaba a algún tiro aislado con la pistola de mi padre, y al montaje y desmontaje de un pequeño revólver del 6.35 regalo de un familiar. Hace unos diez años, un de mis hermanos me regaló su "arsenal" de AC: una carabina Gamo Comet que aún conservo, pendiente de reparación desde hace lustros, una pistola Gamo Falcon ( 1ª serie ) y un sólido cazabalines, también Gamo. Fué entonces cuando comencé a tirar "de verdad". Sumando las dos aficiones, fueron apareciendo otras armas, réplicas de pistolas famosas, y finalmente una Gamo Shadow, que llegó a mi casa prácticamente al mismo tiempo que mis nuevos vecinos.
En éste país, lo de las armas no es una afición de la que se pueda presumir mucho. Fruto quizá de nuestra historia reciente, las armas están ligadas, en el imaginario popular, a la violencia, el dolor y la muerte. Las armas de fuego, claro. Es curioso que otras armas, como las navajas y la arquería, siendo igualmente mortales sean percibidas como algo más "normal". Aún recuerdo el sudor frío cuando, probando un arco casi "de juguete" - el que se vendía en Decathlon como exento de licencia - ví con horror como la flecha describía una elegante y silenciosa parábola mucho más alta de lo que yo había pensado, y desaparecía más allá del seto. Por fortuna, la punta metálica de la flecha se clavó en el suelo, a más de una decena de metros de mi finca.
Pero estoy divagando. El caso es que mis armas de AC eran algo que, simplemente, no podía usar a la vista del vecindario. Supongo que era lo que necesitaba para acabar de decidirme a sacar "la F".
Los Caminos del Señor son caprichosos, y el mío tomó éste nuevo rumbo cuando mi plácida existencia rural, a medio kilómetro de un pequeño pueblo de Madrid, se vió perturbada por nuevos vecinos. Hasta ahora, esas cuatro casas se usaban sólo los fines de semana, lo que me dejaba el resto de la semana con libertad completa para mis actividades al aire libre. Y una de ellas, desde hace bastante tiempo, era el tiro con aire comprimido ( en adelante, AC ).
Mi afición por las armas comenzó en mi infancia, y durante muchos años no pasó del plano teórico. Pero mi experiencia práctica se limitaba a algún tiro aislado con la pistola de mi padre, y al montaje y desmontaje de un pequeño revólver del 6.35 regalo de un familiar. Hace unos diez años, un de mis hermanos me regaló su "arsenal" de AC: una carabina Gamo Comet que aún conservo, pendiente de reparación desde hace lustros, una pistola Gamo Falcon ( 1ª serie ) y un sólido cazabalines, también Gamo. Fué entonces cuando comencé a tirar "de verdad". Sumando las dos aficiones, fueron apareciendo otras armas, réplicas de pistolas famosas, y finalmente una Gamo Shadow, que llegó a mi casa prácticamente al mismo tiempo que mis nuevos vecinos.
En éste país, lo de las armas no es una afición de la que se pueda presumir mucho. Fruto quizá de nuestra historia reciente, las armas están ligadas, en el imaginario popular, a la violencia, el dolor y la muerte. Las armas de fuego, claro. Es curioso que otras armas, como las navajas y la arquería, siendo igualmente mortales sean percibidas como algo más "normal". Aún recuerdo el sudor frío cuando, probando un arco casi "de juguete" - el que se vendía en Decathlon como exento de licencia - ví con horror como la flecha describía una elegante y silenciosa parábola mucho más alta de lo que yo había pensado, y desaparecía más allá del seto. Por fortuna, la punta metálica de la flecha se clavó en el suelo, a más de una decena de metros de mi finca.
Pero estoy divagando. El caso es que mis armas de AC eran algo que, simplemente, no podía usar a la vista del vecindario. Supongo que era lo que necesitaba para acabar de decidirme a sacar "la F".
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